En los Hospitales Shriners para Niños, la salud y seguridad de nuestros pacientes, familias, voluntarios y personal es nuestra principal prioridad. Con la situación en rápida evolución con respecto a la enfermedad coronavirus (COVID-19), estamos monitoreando de cerca las actualizaciones y alertas de los departamentos de salud locales y La Secretaria de Salud a través del Dr. Hugo López-Gatel, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, y estamos siguiendo activamente sus recomendaciones.

Tenga en cuenta que los Hospitales Shriners para Niños no administran las pruebas o el tratamiento de COVID-19 en este momento. Si su hijo tiene una cita próxima y usted o su hijo presentan tos, fiebre, escalofríos, dificultad para respirar o síntomas similares a la gripe, comuníquese con el Hospital Shriners para Niños Ciudad de México para reprogramar la cita.

Para obtener las últimas actualizaciones sobre COVID-19, visite el sitio web de La Secretaria de Salud.

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Hospital Shriners visto a través de la experiencia de una paciente

Una tarea escolar para recordar

Hospital Shriners visto a través de la experiencia de una paciente

Conozcan a Camila, una de nuestras pacientes que decidió escribir para una tarea escolar todo lo que ha sido su proceso como paciente dentro del Hospital Shriners. Sin duda, textos y agradecimientos de este tipo provenientes de nuestros pacientes y ex pacientes, nos alientan a seguir adelante con nuestra misión de excelencia en nuestra atención médica y humana hacia la niñez de México y Centroamérica. A continuación, les compartimos parte de su redacción.

“LA GENEROSIDAD MEJORA LA VIDA DE NIÑOS EN MÉXICO”
Por: Camila
                
“Cuando un niño tiene algún problema de salud, supongo debe ser angustiante y desesperante para sus papás y si esos padecimientos afectan sus capacidades motrices, las cosas se agravan.
Pero para fortuna de muchas familias existe el Hospital Shriners para Niños México, ubicado en el sur de la Ciudad de México.

Este hospital atiende básicamente problemas de ortopedia como deformidades óseas, columna, alargamientos de huesos, cadera, mano y extremidades superiores, osteogénesis imperfecta, etc.
Las instalaciones del Hospital son imponentes, no solo por el tamaño de ellas, también porque cuentan con tecnología de vanguardia y médicos reconocidos a nivel mundial.

En nuestro país no existe otro hospital con las mismas características, si bien es cierto que en todos los hospitales de gobierno y privados existe la especialidad de ortopedia y deben existir muy buenos médicos en ellos, este es el único que se especializa en niños. Las reglas son estrictas en el sentido de llegar a la hora de la cita, memorizar el número que se proporciona a cada carnet, no se permite ingerir alimentos dentro del hospital ya que existe una zona exclusiva para ello y llevar siempre libreta para anotar indicaciones. 

Si te operan ahí, los niños deben ir preparados para ello ya que deberán permanecer por las noches solos bajo el cuidado de las enfermeras únicamente. Todo funciona como un engrane perfecto, desde los filtros de entrada al estacionamiento hasta la atención médica para ayudar a los pacientes. Esto suena muy costoso e inaccesible pero no es así, no cuesta ni un solo peso, los hospitales son sostenidos por un grupo de personas llamados “Los Shriners” que pertenecen a un grupo de masones que se encuentran distribuidos en todo el mundo y que deben tener un buen corazón y un inmenso espíritu altruista.
Solo existe un requisito indispensable para ser atendido en este gran hospital y es que tengas entre 0 y 18 años de edad, ya que una vez que se cumplen los 18 años automáticamente la atención termina.
Hace 13 años mis papás tuvieron la fortuna de que alguien les hablara de este hospital, y la más afortunada con eso fui yo.

Lo primero que recuerdo es una inmensa sala en donde vuelan muchísimas mariposas monarcas de todos tamaños, por lo menos eso pensaba cuando tenía el tamaño perfecto para correr a sentarme es unas mesas en las que podía jugar con unos cochecitos que podían moverse con un imán por debajo de la mesa, siempre era posible cambiar de mesa y por supuesto de juego.
Caminaba un poco y era fácil transportarte al mar porque hay un área con todo tipo de peces pintados a la perfección en las paredes y cada uno de ellos lleva un nombre, ahora sé que esos nombres pertenecen a todos los que hemos pasado por ahí. La aventura no termina ahí, pues después me llevaban a la sala de las “fotografías” en las que debía permanecer quieta para que unos señores me mostraran en unas enormes pantallas las fotografías de mis huesos que gustosa las llevaba a otro lugar para que las revisaran unos doctores.

Antes de eso hacíamos una parada en un bello jardín con unas mesitas con sombrillas en donde podíamos desayunar. Solo existían rampas y podía jugar carreras con amigos que se hacían rápidamente por ahí, las carreras eran peculiares algunos de ellos siempre ganaban pues andaban en sillas de ruedas y  eran más veloces, otros competían por no caerse pues usaban bastones en sus manos, algunos más se integraban a los juegos conforme su situación se los permitía. Recuerdo una vez que fui completamente rebasada por el más rápido de todos, Juan, que con su acento veracruzano me decía “a que no me ganas” y saltaba de la silla al piso y sus brazos y manos era las piernas más hábiles del lugar o Mariana que un día me presto su silla para poder ganar las carreras y yo no llegué en primer lugar como ella lo hacía.

Ese tiempo ha pasado, sigo siendo paciente del Hospital Shriners, ahora ya no puedo sentarme en esas mesitas pues prácticamente estaría en el piso, ya no corro por el jardín, las cosas las miro diferente, encuentro a los chicos de mi edad por los pasillos y solo intercambiamos miradas de empatía y solidaridad si nuestros celulares nos lo permiten, sin embargo sabemos que nos encontramos ahí cada vez por menos tiempo y que nuestra mejoría ha sido notable; que a pesar de que ahora estamos conscientes de nuestra estadía en ese hospital hay otra parte de nuestras conciencias que se han despertado a través de los años, es esa que nos permite ser inclusivos, solidarios, apoyar las causas que aunque parezcan perdidas no lo son, a mirar a todas las personas por igual, a respetar las diferencias en su más amplio sentido y a saber que los límites solo existen dentro de la mente de los que no quieren ver más allá.

Ahora todo tiene más sentido, se de quienes son unos gorros que se exhiben en las vitrinas, que las mariposas de la sala no vuelan y que solo se encuentran suspendidas por hilos transparentes; que Juan el veloz, estaba ahí porque necesitaba unas prótesis de piernas y que muchos de esos niños vienen de todas partes del país y que hay cada vez más y más niños en el hospital por lo que ahora las consultas tardan más tiempo y cada vez que me desespero, recuerdo que es porque hay un niño más nuevo que posiblemente venga de muy lejos para ser atendido, porque en el Shriners siempre hay capacitad para uno más que lo necesite. Ahora entiendo a mi mamá que cada vez que hablábamos de esos señores de los “gorros rojos” agradecía y bendecía su existencia.
La mejoría de cada paciente que ingresa estos hospitales es un ejemplo de altruismo verdadero”.